Cómo cuidar al familiar con trastorno bipolar


La enfermedad del paciente y el funcionamiento familiar se influyen mutuamente. La convivencia con personas con trastorno bipolar influye en múltiples aspectos del sistema familiar y éste influye también en la evolución de la persona. Cuanto más informada está la familia y más competente es en el reconocimiento de las crisis, mayor es la disminución de recaídas, hospitalizaciones y episodios debilitantes. Esto a su vez disminuye la sobrecarga familiar mejorando la experiencia y la calidad de vida de todo el sistema familiar, el cual a su vez, estará en mejores condiciones e influirá, de nuevo, de manera positiva en el funcionamiento del afectado, el curso de su enfermedad y la adherencia terapéutica.


Es fundamental intentar mantener la calma incluso en los momentos en los que el familiar presente más dificultades.
El papel de la familia en el cuidado de la persona con trastorno bipolar es fundamental, especialmente en los momentos de crisis en los que el afectado no es consciente de su estado patológico y son los familiares los que tienen que tomar decisiones y buscar soluciones para poder lograr la estabilización del paciente. La familia, por tanto, es un factor de protección y apoyo para la evolución favorable de la patología y la adaptación social de la persona. 

Uno de los aspectos que más afectan negativamente al curso del trastorno bipolar, tal y como destacan algunos autores relevantes en este son la reacciones de no aceptación de la situación. Estas reacciones pueden ir de la negación absoluta a la sobreprotección y son potencialmente generadoras de estrés:


La negación: suele ser un mecanismo de protección ante el miedo que genera tener un familiar enfermo, ante la culpabilidad que genera la enfermedad, etc. Este mecanismo puede manifestarse en actitudes como atribuir comportamientos, que tienen que ver con síntomas, a la voluntad del paciente acusándole con adjetivos descalificativos, actitudes negativas hacia la medicación, dejar de ofrecer ayuda al familiar, etc. que pueden dificultar la adherencia del afectado al mismo. 


La sobreprotección: también es un mecanismo de protección ante el miedo que genera la enfermedad aunque sería el extremo. En este caso, la familia manifiesta actitudes de hipervigilancia e hiperpreocupación. Cualquier situación no habitual o problemática la interpretan como síntoma de recaída, intentan controlar en todo momento lo que el familiar hace o no hace, le agobian con preguntas constantes relacionadas con la enfermedad, atribuyen a la enfermedad cualquier problema o dificultad que surja, justifican de manera constante su comportamiento por la enfermedad sin hacerle responsable de sus actos y limitando su autonomía. Esta sobre implicación puede generar rechazo hacia la enfermedad y el tratamiento.
Por tanto, que la familia obtenga una adecuada información es tan importante como que la tenga el paciente, porque cómo ellos acepten y conozcan la enfermedad puede ayudar u obstaculizar el tratamiento. Si la familia está mejor informada, entiende mejor, disminuye los miedos irracionales, mejora el estrés, culpabiliza menos al afectado, le ayuda mejor y así mejora también la evolución del mismo. Esta ayuda debe ser constante pero también debe haber una cierta distancia que permita a la persona poder tomar sus propias decisiones, responsabilizarse de su vida, etc.

 

Revisión bibliográfica realizada por:

Psic. Paula Cueva
Psicóloga Clínica
Fuente: Bellido J., Sanz P., El cuidado y la promoción de la autonomía personal en el trastorno bipolar, 2013.


Escrito por: Psic. Paula Cueva

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