TRASTORNO DE DESREGULACIÓN DISRUPTIVA DEL ESTADO DE ÁNIMO


Con la quinta actualización del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM 5, se ha creado un ambiente de discusión acerca de los nuevos trastornos identificados, una de estas nuevas incorporaciones es el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo, el cual ha sido sumamente criticado. En los últimos años la cantidad de niños que han sido diagnosticados con un trastorno bipolar ha aumentado, de hecho se estima que entre el 1 al 2% de los niños padece este problema. Sin embargo en ocasiones los síntomas no corresponden completamente a un trastorno bipolar, el objetivo de la clasificación de este nuevo trastorno es la diferenciación del trastorno bipolar en los niños, dado una nueva posibilidad que es el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo. El cual tiene como principal criterio diagnóstico es la irritabilidad crónica, grave y persistente con manifestaciones clínicas relevantes como los accesos de cólera desproporcionados a los estímulos que ocurren frecuentemente por lo menos tres veces por semana, al menos durante un año y que se evidencia en al menos dos ambientes en los que se desarrolla el niño como la casa y el colegio, además de un estado de ánimo persistentemente irritable o de enfado crónico presente la mayor parte del día y casi a diario.


El rasgo central que diferencia el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo y los trastornos bipolares en los niños está relacionado con el curso longitudinal de los síntomas nucleares. En los niños, al igual que en los adultos, el trastorno bipolar I y el trastorno bipolar II se manifiestan como una enfermedad episódica con episodios delimitados de alteración del estado de ánimo que se pueden diferenciar de la forma de ser habitual del niño. La alteración del estado de ánimo que ocurre durante un episodio maníaco es claramente diferente del estado de ánimo habitual del niño. Además, durante un episodio maníaco, el cambio del estado de ánimo debe acompañarse del comienzo o de un empeoramiento de los síntomas cognitivos, conductuales y físicos asociados. Por lo tanto, en el caso del episodio maníaco, los padres (y, dependiendo del nivel de desarrollo, los niños) deberían ser capaces de identificar un período de tiempo determinado en el que el estado de ánimo y la conducta del niño son significativamente diferentes de lo habitual.


En cambio, la irritabilidad del trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo es persistente y se presenta durante varios meses; aunque puede desaparecer y volver a aparecer hasta cierto punto, pero tiene la tendencia a ser una característica constante en el niño. Otra diferencia son las edades en las que es más propenso su desarrollo en el trastorno bipolar por lo general es muy bajo antes de la adolescencia (menor al 1 %), con un aumento estable a comienzos de la edad adulta (prevalencia del 1-2 %) mientras que el trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo es más frecuente que el trastorno bipolar antes de la adolescencia y los síntomas de este trastorno, por lo general, son menos frecuentes conforme el niño evoluciona hacia la edad adulta.


Efectos directos en el niño con trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo


Este trastorno suele presentar repercusiones importantes en la dinámica familiar, es normal que los padres y familiares e sientan desorientados e impotentes ya que no logran controlar el comportamiento del niño, por eso es probable que pierdan la paciencia y apliquen castigos desproporcionados generando una tensión en las relaciones familiares.
El niño con este diagnóstico también sufre consecuencias ya que debido a su irritabilidad sus relaciones sociales se ven drásticamente afectadas, sus amigo y compañeros suelen aislarlo y por su baja a tolerancia a la frustración suele tener dificultades académicas y para interactuar en las actividades escolares
Otro problema emparejado al trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo es que tiene elevados índices de comorbilidad, lo cual significa que casi nunca aparecen solos, de hecho es frecuente que se confunda y presente síntomas del trastorno oposicionista desafiante y del trastorno de déficit de atención e hiperactividad.


Importancia de este diagnóstico


El diagnóstico confiere un sentido. Cuando los padres viven una situación difícil con sus hijos, poder llegar a un diagnóstico les brinda un sentido a todo lo vivido, les permite cambiar la perspectiva de la situación que experimentaban y encontrar alivio ya que comprenden que la culpa no es suya. Otro beneficio es tener el acceso a un tratamiento adecuado, con la inclusión de esta nueva entidad se evita catalogar a niños como bipolares, cuando en realidad no lo son, de esta forma pueden recibir un tratamiento más adecuado y las probabilidades de superar el trastorno son mayores.


Psic. Paula Cueva
Psicóloga Clínica
Fuente:APA (2014) Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición. Madrid: Editorial Médica Panamericana.


Escrito por: Psic. Paula Cueva

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