fuerza de voluntad: La satisfacción postergada


Hace más de 40 años, Walter Mischel, PhD, psicólogo de la universidad de Columbia, exploró el autocontrol de los niños con una prueba simple pero efectiva. Sus experimentos con la “prueba del marshmallow” como se le llamó posteriormente, abrieron camino a los estudios modernos del autocontrol.


Mischel y sus colegas ofrecieron a una niña en edad pre-escolar un plato con golosinas, tales como marshmallows. Inmediatamente después se le explicó a la niña que el investigador tenía que salir de la sala por unos cuantos minutos, no sin antes darle un simple par de opciones: si la niña esperaba hasta que el investigador regresara, entonces podría tomar dos marshmallows. Pero si sencillamente no podía esperar, solamente tendría derecho a un marshmallow.


Tanto en niños como en adultos la fuerza de voluntad se puede concebir como una capacidad básica para postergar la satisfacción. Los niños con autocontrol adecuado sacrificaron el placer inmediato de un sabroso marshmallow para luego disfrutar de dos marshmallows. Los fumadores renuncian a disfrutar de un cigarrillo con el propósito de gozar de buena salud y evitar un mayor riesgo de cáncer del pulmón en el futuro. Quienes van de compras evitan sobrepasarse en las tiendas para poder ahorrar y gozar más adelante de una jubilación cómoda. Y así sucesivamente.
Los experimentos con marshmallows llevaron a Mischel y a sus colegas a desarrollar un marco de referencia para explicar la capacidad de los seres humanos de postergar la satisfacción. Mischel planteó lo que denomina un sistema “frío y caliente” para explicar por qué la fuerza de voluntad triunfa o fracasa.


El sistema frío es de naturaleza esencialmente cognitiva. Es, en esencia, un sistema de principio pensante que incorpora conocimiento de sensaciones, sentimientos, acciones y metas - nos recuerda, por ejemplo, por qué no debemos comer el marshmallow. Y mientras que el sistema frío es reflexivo, el sistema caliente es impulsivo y emocional. Es responsable de las respuestas rápidas y automáticas a ciertos detonantes, tales como el poner el marshmallow en la boca sin tener en cuenta las implicaciones a largo plazo. Si este sistema fuera un dibujo animado el sistema frío sería el ángel que está sobre nuestro hombro y el sistema caliente sería el diablo.
Cuando la fuerza de voluntad falla, la exposición al estímulo “caliente” básicamente sobrepasa al sistema frío y lleva a la ejecución de acciones impulsivas. Y esa susceptibilidad a las respuestas emocionales puede influenciar nuestro comportamiento de por vida, tal y como Mischel lo descubrió cuando volvió a estudiar a los participantes de sus experimentos en la adolescencia. Los adolescentes que habían esperado más tiempo para obtener los marshmallows cuando estaban en la edad pre-escolar, descubrió Mischel, también tenían una mayor tendencia a obtener mejores resultados en los exámenes SAT y sus padres tenían mayor tendencia a calificarlos como poseedores de una mayor capacidad para planificar, manejar el estrés, responder a argumentos racionalmente, mostrar autocontrol en situaciones frustrantes y concentrarse sin que las distracciones los afectaran.


Pero el estudio del marshmallow no finalizó ahí. B.J. Casey, PhD, de la Facultad de Medicina de Weill Cornell Medical College, junto con Mischel, Yuichi Shoda, PhD, de la universidad of Washington, y otros colegas, hicieron seguimiento a 59 individuos de los que habían participado en las pruebas del marshmallow como niños y cuyas edades ahora están en los 40. Los investigadores midieron la intensidad de la fuerza de voluntad con una reconocida prueba de autocontrol en adultos.


Sorprendentemente, las diferencias en la fuerza de voluntad de los participantes se mantuvieron generalmente constante a lo largo de cuatro décadas. En general, los niños que tuvieron menos éxito a la hora de resistir el marshmallow en la prueba realizada tantos años atrás también tuvieron menos éxito en las pruebas de autocontrol como adultos. La sensibilidad de un individuo a los llamados estímulos calientes parece persistir durante la vida de la persona.
Además de las pruebas, Casey y sus colegas examinaron la actividad cerebral de algunos sujetos por medio de imágenes de resonancia magnética funcional. Cuando se les presentaron estímulos tentadores a los individuos con bajo autocontrol, estos mostraron patrones cerebrales diferentes de los de aquellos individuos con alto autocontrol. Los investigadores encontraron que el córtex prefrontal (una región que controla las funciones ejecutivas, como la toma de decisiones) mostraba mayor actividad en los sujetos con mayor autocontrol.


Así mismo el estriado ventral (una región que se cree maneja los procesos de deseo y recompensa) mostró aumentos en su actividad en aquellos con menor autocontrol.
Los estudios científicos aún no logran explicar plenamente por qué hay personas más sensibles a los detonantes emocionales y las tentaciones o si estos patrones pueden ser corregidos. Sin embargo hallazgos recientes ofrecen un intrigante fundamento neurobiológico para tratar de explicar el ir y venir de la tentación.


Revisión bibliográfica realizada por:
Psic. Paula Cueva
Psicóloga Clínica
Fuente:APA (2012), lo que necesita saber acerca de la Fuerza de Voluntad, La ciencia psicológica del autocontrol.


Escrito por: Psic. Paula Cueva

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