Sobre la vivencia del aborto en primera persona


Cuando una pareja anuncia un embarazo diciendo «vamos a tener un bebé» es un claro indicio de que no ha sufrido ninguna pérdida gestacional, porque unos padres que han pasado por ello saben que un embarazo no siempre es sinónimo de la llegada de un bebé. Y nunca más lo anuncian de ese modo. Es la pérdida de la inocencia. El hecho de haber vivido esta experiencia repetidas veces y compartir la vivencia con una amplia variedad de mujeres que también han pasado por ello me empuja a escribir en este apartado sobre todo lo experimentado, aprendido y reflexionado.
 
                                                                                                                                                            M. ÀNGELS CLARAMUNT


Perdí a mi bebé. Ya intuía que no iba bien. En el hospital me lo confirmaron. Mi bebé deseado, al que ya sentía como parte de nosotros, se ha desprendido, ha muerto. ¿Por qué nadie lo nombra? Estaba vivo y se ha muerto, en secreto, en silencio, en mi interior. No sé cómo manejar la muerte de mi bebé no nacido. Los demás tampoco lo saben. Esto no estaba en el manual de embarazada, se sale del guión. No sé dónde encontrar apoyo, porque siento que ni mi familia ni quienes me atendieron me comprenden.


Me tienen que intervenir, dicen; deben sacar los restos que ya están saliendo por sí mismos. No lo entiendo, no quiero que me intervengan. Es peligroso no hacerlo, dicen. ¿Mi cuerpo me pone en peligro sacando fuera de él a mi bebé que ya no crece? Lo he perdido, se ha «detenido», dicen. Se ha muerto, yo lo sé, pero nadie lo dice. Está siendo muy duro, siento un vacío enorme. Estoy harta de las típicas frases de «consuelo»: «Eres joven», «esto le pasa a muchas mujeres», «mejor ahora que más tarde», «ya tendrás más, aún era muy pronto», etc. Sé que la gente lo dice con buena intención, pero me hacen más daño aún. Durante las pocas semanas que ha estado en mi vientre me sentí tan contenta, tan ilusionada, que doy gracias por ello y espero que este sentir mío le haya llegado de algún modo. No paro de analizar qué pasó, por qué ocurrió. Nadie lo sabe, pero me siento culpable de lo sucedido. Es como si hubiese entrado en otra dimensión, donde veo las barrigas y los bebés enormes, y todo lo demás pequeñito. Deseaba tanto a este hijo, había hecho tantos planes... y ahora me ahogo en ellos, me pierdo con él. Es tan duro. Los hijos nos enseñan muchas cosas, también los que se van tan pronto, me dicen mujeres sabias. De momento sólo puedo llorar. Poco a poco...


Este hijo que he perdido siempre será mi bebé, siempre estará en mi corazón.


Revisión bibliográfica realizada por:
Psic. Paula Cueva
Psicóloga Clínica


Fuente:
TEXTO EXTRAIDO DE:

Claramunt, M., Álvarez, M., Jové, R., Santos E.. (2009). LA CUNA VACÍA. Madrid: La Esfera de los Libros, S.L.



Escrito por: Psic. Paula Cueva

¿Cómo se siente hoy?

Dra. Claudia Vanessa Gavilanez Morales a sus órdenes.

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