PERSPECTIVA PSICOLÓGICA DEL PACIENTE CRÓNICO


La enfermedad crónica es un trastorno que obliga a la modificación en el modo de vida del paciente y que es probable que persista en el tiempo, sus características son:


-Padecimiento Incurable: permanente e irreversible con periodos de remisión y recaídas.


-Multicausalidad o plurietiología: están asociadas a diversos factores químicos, físicos, ambientales, socioculturales, muchos de ellos relacionados con el modo de vida y el trabajo. En las enfermedades cardiovasculares, por ejemplo, intervienen múltiples causas: tabaco, hipercolesterolemia, hipertensión, estrés, etc.


-Multiefectividad: un factor de riesgo puede producir múltiples efectos sobre distintos problemas de salud. Por ejemplo, el tabaco puede producir cáncer de pulmón, EPOC, enfermedad cardiovascular.


-No Contagiosas: no están producidas por agentes microbianos, por lo tanto no pueden transmitiese.


-Incapacidad Residual: dejan secuelas psicofísicas y, por tanto, disminuyen la calidad de vida.


-Rehabilitación: requieren entrenamiento específico del paciente y de su familia para asegurar su cuidado y una estrecha colaboración y supervisión del equipo de cuidados.


-Importancia Social: determinada por las tasas de mortalidad y la repercusión socioeconómica, incapacidades en la población activa y gasto sanitario que generan.


-Sentimientos de pérdida: se generan en el paciente respecto a su vida anterior.


LAS CINCO FASES DE DUELO DE UNA ENFERMEDAD CRÓNICA.
Este proceso de afrontamiento es similar al del duelo cuando perdemos a un ser querido, porque la enfermedad crónica provoca la pérdida de nuestra tan codiciada salud. La Dra. Elisabeth Kubler-Ross ha identificado las cinco etapas de ajuste a medida que aprendemos a aceptar una enfermedad crónica:


La primera etapa es la Negación:
Las personas no estamos preparados para enfrentarnos a la pérdida de la salud, de manera que negamos la enfermedad, la negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante; y es una forma de defendernos mentalmente ante esa mala noticia. Esa negación nos originará pensamientos como que el médico recibió un informe erróneo del laboratorio. Aparecen nuestros miedos y temores porque tienes un diagnóstico, pero muy poca información sobre la enfermedad.


La Segunda etapa es la ira o el enfado:
En esta etapa reconocemos que la negación no puede continuar, porque la enfermedad es totalmente evidente. Aparecen sentimientos como la ira y todos los sentimientos asociados a la misma y esto provoca que no nos dejemos cuidar o si se dejamos que resulte más complicado. Y por nuestra mente aparecerán múltiples preguntas como: “¿Por qué a mí?”, “¡No es justo!”, “¿Cómo me puede estar pasando esto a mi?”. Nos enfadaremos con los médicos y/o con el resto de profesionales sanitarios por no realizar el diagnóstico más precoz y por no ayudarnos más de lo que lo está haciendo. También nos enfadaremos con nuestra familia, amigos y compañeros de trabajo por no comprender y entender por todo lo que estamos pasando.


La Tercera etapa es la Negociación:
En esta etapa alcanzaremos en un último intento de llegar a un compromiso con la propia realidad de la enfermedad crónica. Y empezaremos a pensar: “Si como demasiado sólo los fines de semana, no será tan malo.”, “Si practico más la caridad, no sufriré otro ataque cardíaco.” Intentaremos llegar a acuerdos con nosotros mismos y con los demás para mejorar nuestra salud y calidad de vida. Lo más importante en esta fase es comprender que la enfermedad crónica no es un castigo por algo que hiciste mal. Es una de las muchas enfermedades que simplemente forman parte de la vida.


La cuarta etapa es la Depresión
Aparecen sentimientos de que no servimos para nada porque no podemos hacer muchas de las cosas que hacíamos anteriormente. Tendremos mucho miedo a las vivencias e incapacidad que pueda generar la enfermedad crónica y de todo lo que nos va a traer la enfermedad a nuestras vidas. En esta fase lloraremos, sentiremos pena por nosotros mismos y generalmente renunciaremos a hacer muchas cosas porque no encontramos alegría en nada. La pena nos puede conducir a la depresión y a la desesperación. Nos damos cuenta de que nuestra forma de vida ha cambiado o está cambiando de una manera drástica. Nuestro futuro que antes nos parecía tan esperanzador ahora parece un gran espacio blanco con un gigantesco punto de interrogación en el medio. Es perfectamente normal sentirnos deprimido por estos cambios y nos preguntaremos cómo seremos capaces de vivir el resto de tu vida con esa enfermedad.


La Quinta etapa es la Aceptación 
Habiendo pasado por las cuatro etapas anteriores, ahora la enfermedad se acepta como parte más de nuestra vida, una realidad con la que debemos de vivir porque no existe otra vía de escape. Debemos de reconocer que nuestra mejor oportunidad de felicidad futura radica en la comprensión de nuestra enfermedad y de nuestro compromiso de vivir con la enfermedad sin poner más limitaciones de las que nos origina. La aceptación no es resignación. Es comprender que nuestra vida será distinta a la que teníamos, pero que esa diferencia puede ser mejor, que podemos aceptar el dolor sin que sea nuestro dolor y comprender que nuestra vida todavía puede tener un fin positivo y productivo a pesar de que nuestra energía y capacidades físicas están limitadas. No hay límites de tiempo estipulados para superar todas las etapas de afrontar la enfermedad desde que llegó a nuestras vidas. Este tiempo es diferente en cada persona. Tenemos que saber que aunque el tratamiento nos vaya bien, es normal estar triste o preocupado de vez en cuando, cuando los síntomas se incrementan o se nos presente una crisis. Pero si reconocemos esas emociones y las aceptamos como tal cuando se manifiestan, sin duda estamos encaminados al objetivo personal de afrontar la enfermedad, que es el primer paso para lograr recuperar gran parte de la calidad de vida perdida.



Escrito por: Psic. Paula Cueva

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