Hacia las sociedades del conocimiento


Es inevitable no aceptar que estamos en la llamada tercera revolución industrial, la innovación tecnológica, los adelantos científicos y técnicos se encuentran en constante evolución, lo que obliga a la sociedad a moverse acorde a este cambio, a convertirse en sociedades de conocimiento, pero en que consiste una verdadera sociedad de conocimiento, la primera definición que se nos viene a la cabeza está relacionada con la tecnología, los avances científicos que son solo privilegio de ciertos países económicamente poderosos, pero ¿qué pasa con los demás países que no tiene los recursos para invertir en tales avances?, aquí es donde entra un principio de las sociedades de conocimiento, primero se busca una construcción a nivel mundial de dichas sociedades que sean fuente de crecimiento para todos y sobre todo para los países menos desarrollados, que el acceso de la información sea para todos y se garantice su libre expresión, además un punto muy importante en cuál será la mayor aportación de países no desarrollados , es el conocimiento ancestral y autóctono de cada cultura, ya que las sociedades de conocimiento no solo abarcan la tecnología sino que valoran y buscan conservar el conocimiento de nuestras culturas y que sean compartidos al mundo.


Pero con la desigualdad tan latente entre países y hasta entre la población de un mismo país, ya que ahora el conocimiento se ha convertido en un bien inmueble, el cual solo se puede adquirir a través del poder económico, ¿cómo lograr que el desarrollo a través del conocimiento llegue a todos? Es aquí donde entran los derechos humanos y su importancia, en las sociedades del conocimiento no cabe contentarse con proponer algunas reformas para reducir la desigualdad al acceso a la sociedad mundial de la información y luchar contra las disparidades económicas y educativas, es necesario también que en sus principios constitutivos figuren, en primer plano, el salvaguardar y promocionar los derechos y las libertades, ya que el conocimiento y la educación constituyen las garantías más sólidas de los derechos y de una verdadera calidad de vida, tal como la UNESCO afirma “la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación para edificar sociedades del conocimiento debe orientarse hacia el desarrollo del ser humano basado en los derechos de éste”.


Un concepto que impulso a la creación de las sociedades de conocimiento, fue el de sociedades de aprendizaje, se refiere a un nuevo tipo de sociedad en la que la adquisición de los conocimientos no está confinada en las instituciones educativas (en el espacio), ni se limita a la formación inicial (en el tiempo). En un mundo cada vez más complejo en el que todo individuo puede verse obligado a ejercer varias profesiones en el transcurso de su existencia, es indispensable seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida. Esto propone una nueva concepción de educación en la cual es necesario aprender a aprender, promoviendo la creatividad y la innovación, ahora con el aparecimiento de nuevas tecnologías se ha convertido en una obligación para todos, la actualización permanente de las competencias tanto personales como profesionales. Este nuevo modelo del aprendizaje se ha difundido mucho más allá del universo de los educadores y ha penetrado en todos los poros de la vida económica y social.
Una de las grandes interrogantes y discusiones que se hacen acerca de las sociedades de conocimiento son la ya evidente economía del conocimiento, en donde la información se convierte en un factor poderoso, que enriquece solo a los que lo poseen, creando exclusión y reserva del saber solo para círculos restringidos y privilegiados, ya que el saber es poder. Lo que se propone las sociedades del conocimiento del siglo XXI solo se podrán conducir a una nueva era de desarrollo humano y sostenible si garantizan el acceso universal al conocimiento, romper las barreras de exclusión por raza, religión, nivel económico promoviendo la participación de todos para un verdadero desarrollo mundial.


La ambición de edificar sociedades del conocimiento se basa en la convicción de que éste, por ser fuente de autonomía y de creación de capacidades, puede ser un instrumento decisivo del desarrollo. El auge de las sociedades del conocimiento a nivel planetario representaría, por lo tanto, una oportunidad única para que los países menos adelantados recuperasen su retraso con respecto a los industrializados, aprovechando la difusión generalizada del saber.


Los objetivos que provienen de la voluntad de construir sociedades del conocimiento son ambiciosos. Lograr la educación básica para todos, promover la educación para todos a lo largo de toda la vida, estimular una generalización de los trabajos de investigación y desarrollo en todos los países del mundo mediante la transferencia de tecnologías, la regulación de la circulación mundial de las competencias y el fomento de la solidaridad digital: estos esfuerzos para lograr la participación de todos en el aprovechamiento compartido del conocimiento y la constitución, incluso en los países más desfavorecidos de un auténtico potencial cognitivo representan una tarea considerable. Ante este desafío, la comunidad internacional ya se trate de gobiernos y organizaciones internacionales, tanto gubernamentales y no gubernamentales, como del sector privado, debería dar prioridad a tres iniciativas sobre las que podrían edificarse auténticas sociedades del conocimiento para todos estas son: una mejor valorización de los conocimientos existentes para luchar contra la brecha cognitiva; un enfoque más participativo del acceso al conocimiento; y una mejor integración de las políticas del conocimiento.


Psic. Paula Cueva
Psicóloga Clínica
Fuente: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Hacia las sociedades del conocimiento, 2005.


Escrito por: Psic. Paula Cueva

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