RECOMENDACIONES PARA LIMPIAR EL OÍDO.


El oído es un órgano muy sensible, cuya principal misión es la de transmitir las ondas sonoras al cerebro. Se compone de tres partes: el oído externo, el medio y el interno, La principal función del oído externo es la de guiar y amplificar las ondas acústicas hacia el oído medio.

El conducto auditivo externo está revestido por completo de piel y contiene unas glándulas ceruminosas cuya misión es la de secretar cerumen, sustancia que actúa como agente limpiador (retiene las escamas que se eliminan de la piel del conducto para luego evacuarlas), de lubricación (hidrata la fina capa córnea de la zona para evitar la sequedad, el picor y la descamación) y de protección (retiene partículas de polvo, suciedad y microorganismos).

Aunque para asegurar su correcto funcionamiento el oído necesita unos cuidados adecuados, en ocasiones la higiene que se practica en esta parte del cuerpo no es la más idónea. De hecho, se desaconseja utilizar bastoncillos de algodón o cualquier otro objeto para su limpieza.

Para limpiar el oído, basta con utilizar una toalla o una gasa ligeramente humedecida y, con el dedo índice y con cuidado, practicar movimientos circulares, siempre de forma superficial. Los especialistas en otorrinolaringología ya hacen años que aconsejan, ante todo, no introducir en el oído ningún objeto, incluidos los bastoncillos de algodón (hisopos), ya que puede ser peligroso.

Cuando se intenta limpiar el oído con un hisopo de algodón o una horquilla, por ejemplo, existe el riesgo de meter más la cera, que se va depositando en la parte más profunda, compactándola contra la membrana timpánica, pudiendo perforarla. Incluso si se introduce demasiado el objeto, podría lesionar el tímpano y las estructuras adyacentes y causar pérdida de audición temporal.


Escrito por: Dr. José Salazar

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